
Haciendo uso de las facultades otorgadas y cumpliendo con la solicitud hecha por Toto para cooperar con "Tranquilo Peter" subiendo algún disco, he aquí mi primera entrega.
Philipina Bitch es básicamente (de base) un dueto originario de la ciudad de Concepción, integrado por (ordenados por estatura) Felipe Ruz y Sebastián Orellana, quienes reclutaron a sus amigos para otorgarles la noble misión de ayudarles a armar canciones creadas a partir de su inquieta y juvenil imaginación en colaboración con su buen bagaje musical en un fraternal trabajo que incluye el arte de portada y los insertos.
Su primer álbum se llama "Té, papaya y completos" (2007, Discos Tue-tue) y posee temas increíblemente amenos que podrían musicalizar perfectamente desde un programa de televisión para niños, un optimista transitar diario de la casa a las labores, la peor de las tragedias o incluso una historia romántica poco usual y algo lluviosa.
"285", seis minutos de teclado meloso más una batería enérgica y matea, dan la bienvenida al disco y dan el pase a "No miro nada más", canción con un corazón que se divide entre el blues y el folk.
Luego hay temas como "Dónde está?" compuesta sobre la base de un piano en el que se registran ruidos y conversaciones que perfectamente podrían ser consideradas -por alguna señorona- como simples "peladas de cable" o por alguien bajo alguna particular sustancia percibidas como alguna jugada perversa de la cabeza, sobre todo escuchando el disco con audífonos, pero que no o por qué no.
En total son 19 pistas en que Ruz y Orellana coquetean con lo lúdico de las canciones infantiles (como "Caracolito"), más la sicodelia y la experimentación de sus referentes más reconocidos además de las herramientas y posibilidades al alcanze.
Pianos de "corte" clásico, acordeones que llamaré "italo-nostálgicos", harmónicas campestres y percusiones seductoras dan forma al material debut de estos jóvenes penquistas. No es nada raro googlearles y encontrarse con la frecuente reseña de que evocan tanto algo del Pink Floyd de Syd Barret como a The Beatles, pero así mismo podrían subirse al carro de grandes influenciables del country y hasta del vasilón (recordando una prendida presentación en vivo en La -extinta- Escalera en Concepción).
Mas si ninguna de estas referencias o asimilaciones les parece cuerda, háganse una idea ustedes mismos. Bajen el disco, lo escuchan muchas veces y luego lo compran, saludos.
buena
ResponderSuprimirjaja buena
ResponderSuprimirbuenaaaa
ResponderSuprimir